Hay decisiones que damos por hecho que siempre podremos tomar personalmente. Qué sucede con nuestras cuentas, quién puede realizar determinados trámites, qué ocurre con nuestros bienes o quién puede actuar en nuestro nombre. Sin embargo, una enfermedad, un accidente o cualquier otra circunstancia puede dejarnos temporalmente imposibilitados para expresar nuestra voluntad.
Cuando esto ocurre, la familia no necesariamente puede tomar decisiones legales en nuestro nombre de manera automática. La posibilidad de que otra persona actúe por nosotros depende de las circunstancias y de los instrumentos jurídicos que hayamos establecido previamente.
¿Qué pasa si no puedes expresar tu voluntad?
La respuesta depende del tipo de decisión que deba tomarse y de la situación jurídica de la persona: Para determinados actos pueden existir mecanismos de representación previamente establecidos, mientras que en otros casos puede ser necesario acudir a procedimientos legales para determinar quién puede intervenir.
Por eso, no siempre es suficiente con decirle a un familiar de confianza qué hacer en caso de una emergencia. Cuando se trata de actos con consecuencias jurídicas, es importante que la voluntad de la persona quede formalizada mediante los instrumentos que correspondan.
El poder y la representación legal
Uno de los instrumentos que puede utilizarse para permitir que otra persona actúe en determinados asuntos es el poder. A través de este documento, una persona puede otorgar facultades a otra para realizar. Por ello, su elaboración requiere identificar con claridad qué asuntos necesitan representación y cuáles son los límites de las facultades otorgadas.
¿Por qué conviene anticiparse?
Planificar estas situaciones permite reducir la incertidumbre cuando ocurre una circunstancia inesperada. Tener identificadas a las personas de confianza y contar con los instrumentos jurídicos adecuados puede facilitar la atención de determinados asuntos mientras la persona no puede hacerlo directamente.
También es recomendable revisar periódicamente estos documentos, especialmente cuando cambian las circunstancias familiares, patrimoniales o profesionales.
Prepararse para una posible incapacidad no significa asumir que algo malo va a suceder. Significa dejar claras las decisiones que queremos que se respeten y establecer, dentro del marco legal correspondiente, quién podrá actuar en nuestro nombre cuando nosotros no podamos hacerlo.
La previsión jurídica permite que una situación inesperada no deje sin inesperada no deje sin respuesta asuntos que requieren atención inmediata. Por eso, conocer las alternativas de representación y contar con asesoría adecuada puede ser una parte importante de la planificación personal y patrimonial.

